Yoga restaurativo
¿Y qué es el yoga restaurativo?
Vivimos a un ritmo muy rápido. Quizá tú también sientas que siempre hay algo que hacer, algo que atender, algo que no puede esperar. Y muchas veces no paras no porque no puedas, sino porque cuando lo haces aparece la incomodidad: el cansancio acumulado, las emociones pendientes o un cuerpo que lleva tiempo pidiendo atención. Parar implica escuchar… y eso no siempre es fácil de sostener..
En el yoga pasa algo parecido. A veces se repite el mismo patrón: vas rápido y con prisa, te comparas con la vecina de esterilla y tratas de hacer la postura “bonita y bien hecha”.
Frente a esas comparaciones y ritmo rápido, surge el yoga terapéutico, que se convierte en un espejo. Te da la oportunidad de conocerte y poner en práctica, nunca mejor dicho, la quietud y la presencia.
No es sólo relajación, es un reaprendizaje corporal.
El cuerpo vuelve a experimentar que puede soltar sin peligro. Porque practicar despacio permite sentir la respiración, escuchar el cuerpo tal y como está hoy y darle permiso para soltar. Y cuando esa escucha se sostiene, algo empieza a cambiar.
En esta práctica, las posturas se mantienen durante varios minutos y siempre con apoyos (cojines, mantas, bloques) para que el cuerpo no tenga que sostenerse ni esforzarse. El mensaje es muy claro para el sistema nervioso: “no tienes que estar alerta, puedes descansar.”
Por eso el yoga restaurativo encaja tan bien con procesos terapéuticos, momentos de estrés o ansiedad, trabajo con trauma y también como una vía de autoconocimiento, para aprender a escucharte y empezar a darte lo que realmente necesitas.
¿Qué puedes notar con el yoga restaurativo?
El yoga tiene muchos beneficios, eso lo sabemos. Sin embargo, el yoga restaurativo va un paso más allá. Trabaja directamente con el sistema nervioso parasimpático, el que se encarga de bajar revoluciones y facilitar la calma.
Cuando el cuerpo se relaja de verdad y la respiración se vuelve más lenta, la mente también baja el ritmo casi sin darte cuenta.
El estrés afloja, la cabeza se ordena y aparece una sensación de calma profunda. No es algo que tengas que buscar: ocurre solo, cuando el cuerpo se siente seguro y sostenido. .
Con la práctica podrás conseguir:
- Soltar las tensiones del cuerpo. Esa rigidez en la espalda, los hombros siempre arriba o la mandíbula apretada empiezan a aflojar.
- Liberar emociones que no habían tenido espacio. A veces es un suspiro, otras ganas de llorar o una sensación de alivio. No hay que analizarlas, solo dejar que estén.
- Regular la respiración. Sin forzarla. Pasas de respirar rápido o superficial a sentir cómo el aire entra y sale con más calma.
- Salir del modo supervivencia. Esa sensación de estar siempre alerta, acelerada o en tensión empieza a bajar poco a poco.
- Regular tu sistema nervioso. El cuerpo entiende que no hay peligro y puede entrar en un estado de calma y reparación.
- Aprender a descansar de verdad. No solo a tumbarte, sino a que el cuerpo realmente pare.
Esther Morcillo será quien te acompañe y guíe durante las clases. Ella está formada en Nexoyoga y está especializada en yoga terapéutico para espalda baja y pelvis, zonas muy relacionadas con el sostén, la seguridad y el sistema nervioso. Además, cuenta con una amplia experiencia en yoga restaurativo, acompañando más de 6 años en procesos a través del cuerpo. Si quieres conocer un poco más, pincha aquí.